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Comprar seguidores es un error… siempre

Si no te lo advirtieron cuando eras pequeño, grábatelo a fuego ahora: hacer trampas está mal. Además, seguramente no tardarán mucho en pillarte, así que mentalízate de que el camino correcto es siempre el más rentable. Esa máxima es válida en (casi) todos los órdenes de la vida, pero sobre todo en el mundo de las redes sociales.

Hay quien piensa que comprar ‘me gustas’, ‘followers’ y demás seguidores puede dar caché, vestir una marca o campaña de empaque o dar apariencia de relevancia. Sin embargo, con ello se cae en uno de los grandes errores en los que puede incurrir el social media: la venta indiscriminada de humo. Una comunidad de usuarios se crea con muchos objetivos, pero sobre todo nace y se dinamiza para compartir experiencias alrededor de una marca, evento, producto, servicio o proyecto. Hacer trampas y comprar seguidores de mentira para mostrar un número es un error… siempre.

Con una búsqueda sencilla en Google puedes encontrar decenas de páginas que venden seguidores en multitud de redes sociales por relativamente poco dinero. Son capaces de proporcionar lo que ellos llaman “usuarios activos” e inclusos segmentarlos por países para que, por ejemplo, tu cuenta de Twitter no cante mucho si alguien se pone a analizar tu lista de ‘followers’. Incluso hay webs de referencia que publican de vez en cuando post patrocinados por alguna de estas webs, que aprovechan para presentarse como la vendedora de fans definitiva. Sin embargo, tras ello se esconde un ejército de clones, que ni el del universo de Star Wars. ‘Bots’ desangelados, que repiten tweets gemelos o que escupen mensajes programados para que sus cuentas den el pego.

Calidad vs. cantidad

No caigas en el error de que es mejor el que la tiene más larga. Las redes sociales no funcionan así. En ese sentido, es mejor quien sabe dinamizar mejor su comunidad (ahorraré el chiste de que es mejor pequeña y juguetona). Además, no son seguidores reales. Lo sabes, y los demás lo tienen fácil para saberlo. ¿Un proyecto recién presentado con miles de fans? ¿Decenas de tweets lanzados con el mismo mensaje para generar saltar un ‘trendig topic’? ¿Cuentas en Instagram con nombres casi en código y ni una sola imagen? Huele mucho y puedes quedar en evidencia como le pasó a Mariano Rajoy hace unos meses: justo cuando Pablo Iglesias estaba a punto de superarle en número de followers, el presidente del Gobierno vio crecer exponencialmente su comunidad. La mayoría de los nuevos no hablaba español ni vivía en España. Sospechoso.

Los usuarios fantasma son uno de los problemas de empresas como Twitter, Facebook o Instagram. Aunque han aprovechado su presencia para presumir de números, de cara a poder monetizar su verdadero negocio (la gestión de publicidad) los ‘fakes’ molestan. Instagram se deshizo de miles de ellos hace unos meses, igual que había hecho antes Twitter en varias oleadas. Facebook ha sido la última en sumarse, aunque de una forma menos drástica: eliminó solo los ‘likes’ que desde esas cuentas se había dado a páginas profesionales, bajando así el número de fans de numerosas páginas. Una de las que más perdió fue la ‘fanpage’ de Zara, que en una semana vio caer 1,6 millones de fans.

Comprar seguidores no es nada rentable. La inversión en la que se incurre no se recupera nunca, puesto que los usuarios, aunque estén activos (que nunca suelen estarlo) no tienen interés en la cuenta a la que están siguiendo. Que te pillen es además un problema de reputación de compleja solución. Si quieres invertir en seguidores, mejor que utilices los tweets patrocinados, los anuncios de Facebook o las campañas de Adwords. Te permiten segmentar tu inversión y llegar directamente al usuario que sí está interesado en formar parte de tu comunidad.

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